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Archive for the ‘Historia Familiar’ Category

El General León Jurado Rovero, Cumarebero de El Manglar, el hato de su padre en las costas Falconianas de cielo azulado, tierras de cujizales y playas caribes, de donde han salido tantos hombres recios en el acontecer de del país.

Bajo este título he leído la biografía de su padre que me ha enviado, inédita, su hijo, el doctor Alfonso Jurado Borrego, para llenar un lienzo de la historia de esta Venezuela de contrastes impredecibles, cada vez más dominada por la avalancha de desnacionalización, producto en gran parte, del desconocimiento de su identidad por  las generaciones tecnológicas del momento actual.

Y en este libro encontramos  a un hombre de formación campesina y marinera, de vida atormentada, a los finales mil ochocientos, cuando en los senderos de Cúcuta conoce a  Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez con quienes comenzaría su  vida  militar de  ascensos, a puro coraje en campos de batalla, con Castro en Aragua de Barcelona, con Gómez en Carúpano cuando la Libertadora y después siempre al lado de Gómez, desde 1908, al marcharse Cipriano Castro para no volver más nunca.

De una lealtad impenitente hacía su jefe, durante todos los años de su mando como Presidente de Falcón, de Guárico, de Lara y Jefe Expedicionario contra todos los  alzamientos guerrilleros de aquellos tiempos, contra los Urbina en la Sierra de Coro, contra Julio Bello cuando, en 1913, lo hizo prisionero dándole oportunidad a Gómez, para que con el  pretexto de luchar  contra una invasión supuesta de Cipriano Castro, se prolongara su período constitucional como Presidente de Venezuela.

Contra Alfredo Franco en El Yopito donde cayeron heridos los dos generales y al aislarse Franco en El Viento, hasta allá le mandó Jurado su médico, en hermoso gesto de hidalguía Hispánica.

En la campaña de Santo Cristo, tras las huellas de José Rafael Gabaldón, luego del asalto a Guanare, donde el viejo Gabaldón tuvo sueños, libertarios que se hicieron pesadilla de cárcel.

Siempre alerta, ante las invasiones de Rafael Simón Urbina en su tierra coriana, donde la audacia de la toma de Curazao se juntó más tarde con el recuerdo todavía vivo de la derrota de los mexicanos, traídos por Urbina en un barco de los tiempos de Zapata y Pancho Villa.

Siempre como brazo ejecutor de Juan Vicente Gómez, con una extraña personalidad donde  contradecía la dureza de su carácter, con el gesto caballeresco y la lealtad para los amigos que, en diferentes ocasiones, aunque fueran enemigos del régimen trataba de favorecerlos con sus garantías individuales.

Hombre de trabajo, de rebaños de engorde, de cabras y cocales, de goletas marineras por el Mar de las Antillas, ser de múltiples anécdotas, muy bien contadas por su hijo, quien con verdadera ecuanimidad nos presenta el personaje reconociendo sus defectos, al tiempo que sus bondades, en una demostración de lo que debe ser el amor filial para un padre que se admira.

General de mar y tierra, como buen cumarebero, de estrategia muy personal para dirigir sus oficiales y atraerse a los enemigos, a quien pocos atacaron de frente al morir Juan Vicente Gómez. Y uno de los gomecistas que continuó mandando con López Contreras y Medina Angarita, quienes no le retiraron la confianza nunca.

Con López Contreras, al vencer la sublevación de Maracaibo, hasta que le entrega la Gobernación a Régulo Olivares, para dedicarse a sus actividades privadas en sus haciendas, siempre en Falcón, donde jamás perdió su influencia, y con Medina Angarita, uno de los Presidentes más democráticos que ha tenido Venezuela, la sorpresa de su nombramiento como Presidente de Miranda dada su fama de conciliador y hombre de dialogo.

De Miranda, paso a Lara donde su gobierno se gano la amistad de hombres inconfundibles por su amor a la libertad, como sucedió con Cecilio Zubillaga Perera desde su refugio de Carora.

Luego, otra vez Presidente de Falcón, hasta el 18 de Octubre de 1945 cuando le llego el exilio y el embargo de sus propiedades, soportándolo todo con gran dignidad y carencia de odios.

Al ser derrocado Rómulo Gallegos, La junta Militar de Gobierno le devuelve sus bienes y regresa a la vida  familiar, este hombre representante de una época en una Venezuela diferente de dictadura gomecista, personalismo y duros gobernantes salidos de los cuarteles y de los campos de batalla, sometidos por la única voluntad de Juan Vicente Gómez.

Sin embargo, en el caso de León Jurado, luego de conocer su trayectoria en dos etapas tan distintas en el acontecer de esta patria, llama la atención poderosamente, su inteligencia, su autocontrol, su personalidad exuberante y su adaptación a los métodos democráticos de Medina Angarita, para continuar gobernando en un país donde habían despertado las pasiones.

Un General de valor probado y hombría impresionante que ni siquiera en su lecho de muerte se dejó vencer por la pena. Tal como lo demostró en la sala operatoria, cuando quiso presenciar, bajo anestesia raquídea, la amputación de su pierna gangrenosa y diabética. Como si hubiera sido el disparo del Yopito, cuando un balazo le atravesó  el tórax y sin embargo continuó peleando.

Sinceramente  quiero expresarlo, biografías como ésta de León Jurado  son libros necesarios  en Venezuela, pese a que yo siempre me he identificado con los vencidos en  de las dictaduras, Y así lo afirmo porque en el momento que estamos viviendo, no está de más recordar la hombría y la entereza de nuestros viejos hombres; sobre todo, cuando sobran los destacados y los cobardes que ante la terrible crisis económica y moral que nos embarga, piensan escapar a países extraños, como si esta fuera la primera vez que estuviéramos soportando estrecheces, disgregación nacional, guerras, anarquías, hambrunas y seres implacables que lograron imponerse a las circunstancias.

Aleccionador este relato del doctor Alfonso Jurado Borrego, quien desde Puerto Cabello, ha recordado la memoria de su padre enriqueciendo la historia nacional con sucesos inéditos que nos hacen reflexionar en la evolución de Venezuela, en tiempos relativamente recientes, de la demagogia  y la corrupción liberal  amarilla, a la dictadura andina enriquecida por el petróleo; y de la dictadura gomecista, a la democracia que hoy se anarquiza y fenece también  en la corrupción y la demagogia, todavía  ahogada en petróleo.

Creo que en estos párrafos se encontrara estimulo para ahondar más en nuestra pequeña historia como ésta de León Jurado, un Hombre del Benemérito que evoluciono en el tiempo, para morir en su misma tierra, rodeado de afectos.

Afectos que se escucharon en el silencio de Cumarebo, cuando en la Campaña Electoral de 1959, Jóvito Villalba, reivindica su recuerdo al pedir públicamente un minuto de silencio a la memoria de León Jurado, muerto días antes, a la multitud que lo aclamaba en la plaza y que, respetuosamente, guardo silencio al escuchar su nombre.

Fuente El Diario de Caracas Venezuela. Primera Generacion

Mi Agradecimiento bien justificado “es original” al Sr. Álvaro Requena.

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  • rubenjosebracho: Su, Gracias sinceras por tu opinión sobre este post, sabes esta labor humanitaria que asumieron y que asumen a diario Seres como tu y yo, el de logra
  • ikching: Excelente reseña histórica y gracias x compartirla, hechos como estos influyeron en muchas de nuestras familias. Saludos afectuosos:)
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